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Es malo ser un milonguero pesado con el tema del maridaje, pero existen algunas evidencias que debemos tener en cuenta; el azúcar de los dulces potencia la sequedad del champán o del cava, resultando un maridaje duro y áspero. Si es por aquello del brindis, es menos milonguero y bastante más certero optar por una sidra dulcecita y barata.
Para luego, dulces navideños como el turrón, los mazapanes y las yemas, prefieren el carácter licoroso y ácido del moscatel; aunque si nos ponemos en plan sibarita y el presupuesto nos llega, se puede disfrutar del espléndido “vi de gel”, de los oportos, de los blancos dulces de Riesling, y del tan de moda (por la distribución que de él hace Vega Sicilia), Tokay.
Para los chocolates, como para todo, se puede optar por el contraste, o por la armonía. Contrastan al tiempo que conectan, güisquis dulces como el Cardhu, o algunos brandis. Desde del otro lado, armonizan, haciéndole frente con ese puntito rancio, los oportos y los fondillones.
Volviendo al champán y al cava, mencionar que su efecto carbónico armoniza con los cuatro sabores básicos: salado, dulce, ácido y amargo. Por tanto, encajan bien con casi todo… excepto con los dulces.
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