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Aprovechando el filón del vino, han proliferado los llamados restaurantes – vinoteca, que se supone, ofrecen un mayor número de referencias a precio ajustado, atienden a la demanda por copas, proponen el maridaje adecuado, incluso nos insinuan qué fondo de fruta madura debe encontrar nuestra pituitaria. Eso está muy bien. Pero muchos seguimos haciendo el ridículo con el tema de la cata delante del camarero; es como si nos pidieran el resultado de multiplicar 992 por 5431, y tuviéramos que responder al instante; algún portento habrá, pero lo que es a mí, se me debe poner una cara de capullo intentando desenmarañar los aromas terciarios.
Hay por ahí desvergonzados – y no hablo ahora de las vinotecas- que ofrecen en su carta los mismos vinos que cualquiera puede comprar en el súper de la esquina, y sin preocuparse de sus condiciones de guarda ni de su servicio, se atreven a aumentar su precio hasta un 250 %. Y todavía hay algo peor. Como descubran algo digno por un precio muy bajo, llegan a grabar hasta el 700 %. Recuerdo hace años un riquísimo vino turbio en Consum por 0’70 Euros, que una marisquería de barrio lo ofrecía como ganga a 5 euros. Lo más sonrojante de todo es que pueden pasar años sin que nadie los meta en un aprieto. Por eso es bueno tener en mente el precio en bodega de alguno de tus vinos favoritos…
A continuación, sitios dónde no te cuentan la milonga del vino:
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