|
El local posee todo el encanto y la naturalidad de un genuíno bistrot francés. Y como tal, su oferta es ni más ni menos la que uno espera; quiches, foie gras casero, muy buenas ensaladas, ostras francesas que no probé, magret de pato, boeuf bourguignon, entrecot grillée... todo bueno, y aunque a lo largo de la cena nada te deslumbra, ni te sorprende, ni te emociona, sí te va invadiendo, conforme avanza la velada, una suave placidez.
Tiene una generosa oferta de vinos franceses a precios llamativamente contenidos. Muy bien la tarta Tatín. Primero, segundo, postre y un buen vino, 30 €. Muy honesto.
|