|
Media tarde de un final de verano que se alarga. A modo de reencuentro deambulo por el ensanche, me gusta hacerlo. La terraza de Bueno Para Comer está en sombra y las sillas y mesas apeteciblemente dispuestas.
Me atiende el que creo que es Dan Gill, socio de Bernd Knöller y Stephen Anderson. He leído en la pizarra que tienen vermut Perucchi, y me pido uno. Le digo que me saque una tapita que le vaya. -¿Unas aceitunas?- me pregunta. -Vale...- le contesto.

Están buenas, y el precio final, justo; 2'25 €. Pero hubiera esperado algo más de sofisticación tratándose de una tienda gourmet-vinoteca de su nivel. Tal vez una anchoita de la Escala, o un par de cortaditas de huevas de maruca... sólo por poner un ejemplo.
También eché de menos que no ofertaran en pizarra a modo de tapa, una minidegustación de los espectaculares quesos ingleses de que dispone (Stilton y sus variantes). Los vi en el mostrador justo cuando pagaba para irme y comencé a salivar.
De darme cuenta a tiempo, hubiera cambiado las aceitunas por el queso, y el vermut por... ¿un riesling dúlce?
|