|
Las primeras cañas y vermuts me las tomé en Casa Montaña en los tiempos en que René el francés regentaba la bodega. Cuando los viernes por la tarde mi padre cerraba el taller en Montolivet, sin perder tiempo en quitarse el mono de mecánico nos conducíamos hasta al Cabanyal. Empezábamos la ronda en Montaña, nos pasábamos a Casa Guillermo y si quedaba hueco rematábamos con pulpo y empanada en El Compostela.
Han pasado más de 30 años. Y Emiliano, su activo e inquieto propietario desde ya hace mucho, ha sabido combinar una esmeradísima selección de producto junto con un impecable servicio, manteniendo intacta la esencia y el encanto de este rincón del modernismo valenciano del Cabanyal.
A día 19/11/2010, un grupo de tres amigos pedimos; habitas estofadas (2'85 €), una anchoa entera cada cual (3'60 € x 3), montaditos de brandada de bacalao (2'35 € x3) por cierto insuperable, atún marinado (4'85 x2), sobresaliente, y magníficas patatas bravas de secano (3'25 €). Junto con varios vermuts, cuatro coca colas cero de mi irredento amigo Pau, y unos cafés a los que nos invitaron, salimos a 53 €.
No era el día de disfrutar de los excepcionales vinos de que dispone la bodega. En otra ocasión.
Otra cosa importante, al menos para mí; para disfrutar del auténtico ambiente de de Casa Montaña, es aconsejable acudir entre semana, a partir de la 13:30, o por la noche bien prontito. De lo contario te expones a un peaje de esperas, estrecheces e incomodidades que no merece ni El Bulli.
|