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Es una pena que se eche por tierra la buena imagen que tenía un establecimiento que en su versión urbana ofrece su peor esencia.
Hemos perdido la sencillez y honestidad de sus elaboraciones del local del Perellonet para obsequiarnos (es un decir, la relación calidad-precio está desbaratada), con propuestas chirriantes al paladar, -mezclar calamares cocidos con jamón asegura rechazo masivo de los comensales-.
Se trataba de comida con compañeros de trabajo y no conseguimos en ningún momento acercamiento ni en los temas laborales ni personales pues la disposición de la mesa en una tirada interminable de casi 20 m para 20 personas impedía comunicación alguna salvo que se recurriera al molesto vocerío (son mesas muy anchas por comensal pero nada óptimas para juntarlas).
El menú era cerrado (igual que la camarera que nos atendió), los calamares cocidos antedichos, una ensalada con tanta fruta almibarada que se desdibujaba al asemejarse más a una empalagosa macedonia. El arroz a banda sólo hizo destacar el sabor de ajoaceite industrial con sabor a metal que nos invade, uno casi prefiere echarle valor y jugársela con la salmonella de las salsa caseras.
Las carrilleras de ¿? abrió entre los comensales una sugestiva discusión sobre el origen del animal, cerdo, ternera, o algún otro que prefiero no mencionar….lo cierto es que se trataba de un fiambre napado con salsa harinosa de mala marca.
Respecto al vino, lamentar que se recurra al Sirah en tinto y al empalagoso blanco para intentar contentar a la mayoría del género femenino al que creo que desprecian pensando que los caldos dulces garantizan su aceptación.
Tampoco es de recibo que en un menú pactado de 30€ se resistan a cambiar de plato más de una vez, pero lo que no puede aceptarse es que la “profesional “ que nos atendió se negara al cambio ante la petición expresa de un comensal desesperado intentando eliminar restos anteriores del todo incompatibles con el plato siguiente.
Por último, como padre de familia avisar que es necesario un kit de protección severa contra el sol, pues la orientación del local al cercano Oeste imposibilita acceder tanto a la zona infantil como a la zona Chill out, salvo que nos encontremos en otoño invierno de los de antes del calentamiento global, que justamente es la sensación que nos quedó a la mayoría.
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