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Esa noche no pedimos postre dada la proximidad del restaurante con la calle llamada, ya no de los Caramelos, sino a partir de ahora, la Calle del Frozen Yogurt.
Llegado el momento, quién escribe lo tenía claro, en Segreto Freddo tienen junto con Baby Yogurt el mejor yogurt helado de Valencia (aunque este último es demasiado caro).
Pero Jose Luis prefería con mucho los de llaollao, la franquicia que queda justo enfrente. Habiendo probado los dos, opinaba que el de Segreto tenía mucho menos sabor.
Aunque Agus inicialmente no se decantaba, las explicaciones de Jose Luis le convencieron y los dos entraron en llaollao al mismo tiempo que yo en Segeto Freddo.
Hay que decir que si bien nos encontramos en situación de amateurismo forzoso, nuestra auténtica vocación es la de degustador profesional de helados. No en vano son varios los viajes a Italia (Sicilia, Roma, Florencia, La Toscana, Bolonia), en los que tomar helados ha sido la actividad fundamental.
A la primera cucharada Agus y Jose Luis refrendaron sus posiciones, pero a la segunda se adivinaba en sus rostros gestos de duda.
El de llaollao tiene un color casi avainillado, es de sabor fuerte, sale mucho más frío y aún teniendo buena textura, no iguala al otro.
El de Segreto Freddo es esponjoso, no está demasiado frío. El color es de un blanco perfecto, su sabor es fino y delicado pero con auténtico poso de yogurt. Además, ponen más cantidad y es más barato. 2'50 frente a 3 euros. Al final, y dentro de unos márgenes, los tres coincidimos... la cosa estaba muy clara.
El frozen yogurt está de moda, está muy bueno y sienta bien, pero su simplicísima elaboración no justifica su precio. Se reduce a tirar azúcar, leche en polvo y leche líquida en un extremo de la maquinita y recogerlo convertido en helado por el otro.
Debería ser por tanto, mucho más barato. Seguro que si así fuera, la gente consumiría diez veces más.
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