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No se trata de pasar por el aro y acudir a los fast food que todos tenemos en mente, pero debe ser prioritario que los niños dispongan de un espacio a poder ser al aire libre que les permita hacer el cabra sin peligros inminentes, que ese espacio quede a tu alcance visual, y que la cocina, sin mayores aspiraciones, sea correcta y hasta ejecutada con cierto salero…
Ya puede estar buena la comida, que si el entorno no es el adecuado para esas pequeñas bestias, cualquier exquisitez se te atragantará. Ver cómo jugando a pillar se llevan por delante al camarero con la bandeja rebosante, es uno de los platos de peor gusto.
… cuando son varias parejas de amigos, cada una con su respectiva prole, y se pide la cuenta, hay que contar que dos niños valen por un adulto. Siempre hay “cachondos” que llegado el momento de dividir la cuenta final, lo hacen solo entre el número de adultos, como dando por hecho que el consumo de los niños es prácticamente inapreciable. Generalmente dicen; - Nosotros ponemos un poco más por los niños. Y resulta que dejan solo cinco euros de más, y luego miras la cuenta y ves que están, las tortillitas, las coca colas, los gusanitos, las papas, los helados… Se entiende la cara de perplejidad que se les queda a los que acuden sin descendencia.
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