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De las catorce acepciones que señala el diccionario de la RAE para la palabra tapa, la octava dice así: Pequeña poción de algún alimento que se sirve como acompañamiento de una bebida. Es a partir del verbo derivado – tapear - donde comienzan las discrepancias. A nuestro entender la acción descrita precisa de frugalidad, de una imprecisa brevedad y de un espíritu provisional.
Vamos, que dejando la petulancia a parte, en la barra es donde se tapea. Si uno se sienta, no tapea, sino que come de tapas. En algunos lugares como Valencia existe un problema muy grande; al pedir la cañita, en casi ningún sitio existe la costumbre de servirla asociada a una tapa. Tiene que ser el propio cliente el que escoja y por supuesto pague a parte, lo que en realidad no es una tapa, si no una ración…
Aún así los adeptos del noble arte del tapeo perseveramos en el ejercicio de este sibaritismo mundano. Los requisitos no son muy estrictos; un barrio, una ruta, varias barras, un par de amigos con culos de mal asiento y una conversación que arregle el mundo.
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