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No es de extrañar que se imponga la muy fundamentada creencia de que paella como la de casa no hay ninguna. ¡Cómo va a extrañar si es habitual encontrarse en restaurantes de Valencia, paellas hondas, de grano pasado, groseramente indigestas y a unos precios de escándalo!
Todavía se entiende que acudan forasteros convencidos de encontrar en una paella, la satisfacción que el topicazo les promete. Produce sonrojo pasear por el centro en primavera o verano, y ver a los guiris cocidos ellos al igual que el arroz, en terrazas sin sombra. Lo que resulta inexplicable es cómo gente de aquí, se jacta de que le timen literalmente con la milonga de que "está hecha con leña”, como si sólo con éso se garantizara su excelencia o justificara el hachazo.
Hay otra milonga de la paella que es la de la autenticidad. No hay discusión más tediosa y estéril que la que intenta definir cual es la auténtica paella. Hay quien dá la paliza con posturas cerriles y excluyentes, otros en cambio traspasan la delgada línea que en gastronomía se encuentra entre lo original y lo estrafalario, y los hay que directamente se las inventan.
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