|
Es curioso cómo la híper presencia de la pizza ha conseguido asociarla con el fast food, incluso muchas veces con la comida basura. Hay que reconocer sin embargo, que en su justa medida y de vez en cuando, a cualquiera le apetece tomarse una hecha con cierto arte, y sobre todo a precio justo. Eso de pagar por una pizza casi lo mismo que por un solomillo es de locos. Aún así hay que reconocer que su elaboración tiene algo de alquimia, si no todas sabrían igual, y no es así.
Hay que anotar que en muchas comarcas valencianas se elaboran desde mucho antes de la llegada de las pizzas, las cocas de dacsa (que en otro tiempo también trajeron los romanos). El relleno típico es el compuesto por huevo duro rallado, atún y tomate frito, pudiéndose acompañar también con unas anchoas o con sardina salada. Las auténticas son espectaculares, y a veces tienen más entidad que cualquiera de las pizzas al uso, y aunque su elaboración ha sido dominio casi exclusivo de hogares y hornos, se encuentra cada día más en
la restauración. Merece la pena probarla.
|