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Meto el vino en la nevera y alguien me mira como si estuviera loco. A mí en cambio, me apetece contestarle que abrir una botella en verano a temperatura ambiente es tirar el dinero. Tampoco vale eso de meterlo diez minutos antes en la nevera. La excesiva temperatura provoca que la volatilidad del alcohol inunde el paladar, enmascarando los aromas nobles y permitiendo que afloren los menos agradables. Los tintos jóvenes pueden servirse entre los 12 y 15º C para resaltar su frescura y matices florales, los crianzas entre los 16 y 18ºC y los de grandes añadas a 20ºC.
Incluso es conveniente disponer de una cubitera por si el consumo es reposado porque a lo largo de la comida irá subiendo de grados.
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