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Uno carga de inmediato con toda la presión de dejar a la terreta en buen lugar. La primera elección es siempre la misma. ¿Paella, arroz a banda, fideuá…u otra cosa que se salga un poco más del tópico? Por otro lado tienes que definir el marco; nunca será lo mismo comerte un arroz en un entorno neutro, que hacerlo mirando al mar o contemplando
la Albufera. Y además tiene que estar bien de precio. ¡Qué mérito tendría si no! Seguro que pagándolo a precio de oro, en Madrid te comes un buen arroz. Desde el principio te empeñas en dar la impresión de que la tarea es pan comido; hay tantas opciones que solo es cuestión de decantarse por una, pero por dentro sabes que el éxito de la misión es casi imposible…
Depende desde luego de la asiduidad con que los comensales vengan a Valencia, pero si es muy escasa, es más que probable que deseen cumplir con el trámite del arroz. Para estos casos, nuestra particular elección tendría que combinar un itinerario interesante, bien turístico, bien pintoresco, con un arroz clásico, pero que aporte en sus ingredientes algún valor añadido; y desde luego, y aunque sea uno el que convide, o a lo mejor precisamente por eso, a un precio comedido.
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