|
Fui aprovechando la Valencia Cuina Oberta... menos mal que era menú a precio cerrado... y ni aun así. Aquí os dejo mi historia...
El domingo comimos en Mar de Bamboo el menú de Cuina Oberta. Quiero pensar que mi caso es excepcional, pero aun así no puedo recomendar el sitio a nadie, ni a mis peores enemigos... Para ser justos, el menú fue bastante acertado y no tengo nada que objetar al respecto. Fue lo único agradable de la comida.
Para empezar, reservé el sábado para comer, el primer día que se abrieron las reservas de VCO y me llamaron a la semana para ANULARME la reserva que había hecho, ya que ese día tenían una boda y lo tenían todo reservado.
El mobiliario del restaurante está profundamente deteriorado lo que es incompatible con la imagen de limpieza que transmite con toda la decoración blanca de mesas y sillas (o mejor dicho blanca y negra). De lejos no se nota, pero cuando te sientas a la mesa y ves la tuya propia, o las de al lado, no están muy presentables que digamos, al menos si no quieres conseguir un estilo IKEA como el de mi casa.
El servicio, dejó bastante que desear (tal vez tenía en mente el de La Sucursal cuando fuimos el año pasado y fue excepcional). Nos atendieron hasta 4 camareros diferentes, cada uno con menos ganas que el anterior -vale que sea domingo y haya final del mundial, pero no creo que sea excusa-. El primero sí que nos explicó el primer entrante (tempura de langostino con salsa de guindilla, excelente por cierto) lo cual agradecemos, pero luego fueron llegando otros platos que o bien querían que lo dedujésemos nosotros o simplemente nos daban pistas ( -el calamar!, plam! ; -ahí va el arroz! ). Debía ser para que no nos aburriésemos, aunque por el ritmo al sacar los platos que llevaban materialmente, no me daba tiempo.
Lo que fue lamentable y colmó el vaso (nunca mejor dicho) fue la "plaga" de moscas a la que me vi sometido en la mesa. Hasta 3 revolotenado por la mesa, y eso que era en el interior del local, pero dejar la puerta de entrada constantemente abierta tiene su precio. Sí, parece un tópico, pero un minuto antes de irnos cayó una en la copa del vino. Ignoro si sobrevivó dicha mosca, ya que no tuve valor para averiguarlo.
A pesar de todo esto, pude disfrutar-en su justa medida- del menú, el langostino en tempura y "el calamar" fueron dos entrantes excepcionales. La tosta de aguacate con anchoa y boquerones nos entró más por el ojo que por la boca. El principal, el arroz (como nos lo cantaron) con pato, ajos tiernos y habas baby (como lo interpreto yo) estaba muy logrado y la ración era abundante. Los postres, muy agradables por su sabor (mascarpone+coulis fresas, muy bueno) más que por su originalidad (brownie). Pedí un café -nespresso- que me llegó antes de acabar el postre, pero no quise pedirme ninguna copa porque no me sentía cómodo en el local y para no alargar la agonía de la mosca que se debatía entre una fuerte resaca o la muerte.
|