|
.jpg)
Es lo que casi todos hacemos cuando unos amigos nos invitan a cenar a su casa. Aparentemente no es más que una muestra de cortesía, pero tiene para ambas partes, más alcance de lo que inicialmente cabría esperar.
1- Si te presentas con un vino mediocre (digamos alguno elegido en el supermercado), darás la nota cutre. Alguien lo dejará en el banco de la cocina y allí se quedará hasta que se acaben las demás botellas. Mi consejo es que para eso, mejor lleves pasteles, o helado, o cualquier otra cosa.
2- Si te presentas con algo especial (digamos un descubrimiento muy particular de que te sientes muy satisfecho pero que es totalmente desconocido para la mayoría), corres el peligro de frustrarte. Puedes pasarte toda la noche dando la paliza diciendo que has traído una botellita que es la hostia. Te dicen que muy bien, pero cuando se acaba la anterior, siempre hay una opción mejor que la tuya para descorchar. Mi consejo es que mejor lleves helado, o pasteles, o lo que se te ocurra.
3- Si te gastas una pasta en una botella de vino, que además todo el mundo reconozca, vas a quedar como un señor. Lo malo es que por buena que esté la comida a ti te va a saber a poco. Piensas, coño, este vinazo para una comida tan normalucha. Mejor no te gastes tanto.
4- Si tú eres el anfitrión y alguien te trae algún vino inesperado, piensas; "si no abro la botella que ha traído Pablito, igual se mosquea, pero si la abro, me jode el maridaje".
5- Si tú eres el anfitrión y se presente un colega dando la paliza con el descubrimiento de un vino que no conoce ni su madre, ábrelo aunque solo sea por no oírle. Aunque si alguien ha traído algún valor seguro, es mejor dejar la joya desconocida para un poco más tarde.
6- Cuando ya no quede más vino, y alguien quiera una copita más, acuérdate del que has dejado en el banco de la cocina. De la botella y del que la ha traído, y pregúntate si por lo menos no la habrá hecho acompañar de pasteles, helado o cualquier otra cosa.
Conclusiones.
|