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Seguro que es un tipo inteligente, un tío ingenioso, muy buena persona, vamos que lo quieres un montón… pero por lo que sea no tiene paladar, confunde una gamba rayada de Denia con un langostino cocido, y un Pingus con un Castillo de Liria Pero claro, como esto de la gastronomía está de moda, a él también le gusta participar. Lo malo es que siempre que él elige restaurante todo el mundo sabe que será un desastre….
Antes de seguir leyendo, tenemos que plantearnos muy seriamente si alguno de nosotros somos “ese amigo”. Hagamos memoria. Recordemos la última ocasión en que elegimos el restaurante. Al acabar seguro que preguntamos -¿qué tal, qué os ha parecido?- Pensemos qué respondieron. ¿Quizás se quedaron todos callados, o tal vez dieron respuestas demasiado ambiguas?
Si finalmente no somos "ese amigo", sabremos que no se pueden tirar por tierra cada una de las propuestas que él nos hace, nos convertiríamos en el criticón al que solo le parece bueno lo que él elige. Así que antes que perder la amistad, mejor seguir tropezando una y otra vez en la misma piedra.
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