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Lo mismo tiene su punto atravesar populosas barriadas de las afueras que penetrar en callejuelas retorcidas si es en pos de alguna elaboración sorprendente. No vas a ser el primero en llegar, lo mismo el sitio lleva allí 80 años, pero es divertido jugar a creérselo; y todavía más enseñárselo a los demás.
Dobla una servilleta de papel y colócala bajo la pata coja de la mesa de raylite. Que tampoco te importe el olor a fritanga o el humo de los caliqueños. A la hora de pedir, no te encabezones ni quieras ser original; pide lo que hagan bueno y que te lo traigan como ellos saben hacerlo. Finalmente no te equivoques. No pienses en El Aperitivo de Rocafort o en el Jomi de Nazaret. Éstos entran dentro de otra categoría, además son casi mundialmente conocidos. En ésta es fundamental que el precio sea muy contenido, sino la ilusión del descubrimiento se desvanece.
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