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Una de las decepciones más frecuentes se produce al primer tiento de lo que en la carta se presenta como ibéricos. Suele tratarse en la mayoría de casos de fiambre de chicha y nabo.
Y no se sabe muy bien porqué, nos resignamos, como asumiendo que la decepción ha sobrevenido más por nuestro atrevimiento que por incumplimiento del restaurador. Creemos sinceramente que hay que protestar, o decir por ejemplo: señor, esto que me ha traído no es ibérico, lléveselo por favor…
Otras veces se observa por el precio anunciado en carta que aquello no puede ser más que ibérico y de bellota. De no ser así, estarían locos por pedir 18 euros por un platito de jamón donde no puede haber más de cincuenta gramos. Calculemos; en el mercado te soplan por cien gramos de recebo la friolera de 7 euros. Así pues en la tasquita de turno están multiplicando por más de cuatro su precio en tienda. Francamente, llueve sobre mojado…
…y sin embargo sería pecado renunciar a un poco de jamoncito, aunque fuera de recebo, acompañado de un fino mientras se departe con unos amigos. O si no, entre pan y con aceite de oliva. Con seguridad, es uno de los placeres de la vida.
A continuación, sitios dónde no hay por qué renunciar a ello:
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