|
Hay tropiezos que se perpetúan desde tiempos remotos. Uno de ellos es quemar un soleado domingo de invierno yéndote a comer al monte, o a la playa. Has pensado que estaría muy bien disfrutar de una paellita en una terraza soleada con vistas al mar o a la montaña. Lo malo es que otras doscientas mil personas también lo han hecho. Conviene no despreciar al subconsciente colectivo. Al final todos acabamos en los mismos sitios de siempre; resultado…
El problema es que la memoria es muy corta, y el entusiasmo por los placeres de la vida arrollador, y dentro de unas semanas volverás a hacerla muy parecida. Te recomendamos al menos, una lista alternativa y no por ello menos apta para la expansión dominical, dónde se reducirá la avalancha de inconveniencias que se derivan de la masificación.
|