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El Enópata dice publicamente que los abstemios son unos pobres estúpidos o que el 99 % del vino que se elabora en el mundo es despreciable y nauseabundo. A la pregunta de por qué apenas hay cavas en su carta, reponde literalmente, que por motivos de salud... y porque el champagne está tan bueno...
Desde luego es provocador y algo dogmático, pero no es milonguero. Tiene criterio y conocimiento a la altura de muy pocos. A algunos les parecerá con razón un gilipollas (probablemente a un montón de bodegas valencianas y productores de cava), a mi en cambio, este tipo de tíos tienden a caerme simpáticos. Tanto es así que me salté mi regla de oro de no ir a sitios de más de 30 €.
Solo el menú (sin bebida) ya pica 31 €; tomate valenciano con cogote de bonito del norte maridado con un champagne (Morey-Coffinet) como el que no había probado en mi vida. ¡Eso es otro mundo! Muy gustosas las judías de riñón con almejas y vieira acompañado de un chardonay de Borgoña. (¡collons! sorprendente y supersatisfactoria combinación) Y por último una selección de quesos de leche cruda, ¡qué buenos! regados por un brutal Clos Dominic Miriam 2006. (¿si lo pruebo en mi casa dicéndome que la botella cuesta 5€, me hubiera parecido tan bueno?. Yo creo que sí.) De postre un brownie con helado.
Me cuenta que tiene un margen fijo por botella (sea la que sea) de 10 €, y que los precios por copa salen de dividir esa cantidad entre siete. Así de sencillo.
Total 55'63 €. Disfruté como un enano, pero no creo que vuelva, la cuenta me viene muy grande. Es como cuando uno es adolescente y se enrolla con una tía tan buena que sabe que hay que disfrutar de ese momento porque algo le dice que no se repetirá... o tal vez sí?
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