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Con los restaurantes pasa como con los pisos: Sale casi mas barato el m2 de un palacete en la Alameda que el de un pisito cutre en un barrio periférico.
Pero claro, el palacete tiene 500 metros y el pisito 60. Y a la hora de multiplicar llegan los sustos. El pisito es mucho más accesible pero en el fondo más caro.
Concluyamos diciendo que el Arrop -que por cierto es un palacete- tiene un inmejorable precio por metro cuadrado… aunque la cuenta salga por 80/90 €… de ahí para arriba.
La chorrada del símil tiene una disculpa, todavía estoy flipao por la cenota de anoche. ¡Sublime!
Después de unos detalles de bienvenida (queso de untar de Los Corrales de Almedíjar), pedimos el menú arrop, de 58 €.
Cuatro aperitivos;
-Tomate con bonito en su corazón y agua de tomate. Precioso, daba pena hincar la cuchara y partir semejante obra de arte… pero mereció la pena. ¡La hostia!
- Ensaladas de verduras ligeramente encurtidas y salazones. ¡La rehostia!
-Huevo frito con emulsión de tocino a la brasa. ¡La requetehostia!
-Arroz de caracoles sin caracoles. ¡Me quedé sin palabras!
Después vinieron los platos de pescado y carne;
- Pescado de roca (jurel) sobre patata chafada y algo más.
- Cordero al carbón; ¡Cómo le da la vuelta! Especial, sorprendente… sin duda el mejor que he probado.
Toda la cena acompañada de una riquísima y adictiva coca de aceite.
De postre helado de pera con ¿cereales?… lo siento, no me acuerdo, pero estaba delicioso.
El local es perfecto, todo el servicio sencillamente inmejorable. Aún a pesar de pedir un “modesto” pero riquísimo Dominio de Atauta 05 (37’65 €), el sommelier nos trató con la misma atención y cordialidad que se dispensa a quién se gasta mil pavos en un Pingus.
Me han ganao.
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