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El sol, la brisa del mar y un magnífico arroz con bogavante.
Un ligero olor a mediterráneo me invita a entrar en e l restaurante Llobarro. Lo primero que recibo al cruzar la puerta, una sonrisa. Están allí María Dolores y Juan. Me invitan a sentarme. Desde ese momento me dejo llevar.
Un buen vino, entrantes que sorprenden y frescura en todos sus platos. Indecisión en la carta, muchas y variadas son sus especialidades. Me dejo aconsejar, mantenemos una charla agradable que termina por darle a mi camarero toda la potestad para que elija los productos que voy a tomar en el día de hoy.
Uno de esos lugares que te hacen sentir y que te permiten olvidarte del mundo por unas horas. Uno de esos lugares a los que quieres volver. Sabor a esencia, sabor a tradición, sabor a Valencia, el sabor del Restaurante Llobarro.
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