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Mañana del 1 de Enero de 2012. Tres parejas con niños pequeños. El día era espléndido y nadie tenía resaca. Era una de esas ocasiones dónde lo prioritario es el emplazamiento, todo lo demás, comida incluida pasa a un segundo plano.
Con el solete que hacía, pensamos en la playa. La gente quería un sitio tranquilo, alejado del bullicio, pero cerca de Valencia, con buenas vistas, donde los nanos pudieran corretear sin molestar ni ponerse en peligro. Y por supuesto, donde la comida estuviera buena y no nos clavaran.

¿Eso existe? preguntarán algunos. En Valencia, tajantemente no. Pero dentro de lo que cabe, la comida no salió mal del todo. El emplazamiento de la Viña es su fuerte; está a los pies de las dunas y de cara al mar. Es pequeñito, informal y tranquilo. Las patas de las mesas se clavan sobre la propia arena.
El servicio es cordial y cercano -el encargado es todo un personaje- y la oferta sin complicaciones... pa qué. Arroces y algo de marisquito.
Pedimos arroz del senyoret. Les salió muy bajito, eso me encanta. Estaba sentidito, aunque se podía aguantar, bien de sabor y con los trocitos de sepia muy tierna. No era de concurso pero nos la comimos a gusto.

El precio de la ración fue de 13'50 €, además del ajoaceite (2 € x 2). A muchos le parecerá normal... yo no consigo acostumbrarme. ¡El arroz marinero es un plato humilde! El que cocinan muchas de nuestras madres están a años luz de lo que se sirve por ahí... pero eso ya es harina de otro costal.
Acompañamos el arroz de dos ensaladas valencianas (8'50 €) y bebimos cervezas (8x2'80 €) y agua. De postre úno de esos preparados al centro (4'20 € x 4). Luego cafés (4x1'50 €) y un solo chupito (3'10 €). En total 28 € por persona, es decir, el precio mínimo al que puedes aspirar en la Viña.
O lo tomas o lo dejas, es decir, te traes la comida de casa y te montas un pícnic en las mesas que hay entre las dunas. Una tercera opción es caminar 200 metros hasta la Dehesa Jose Luis (15'50 € sin iva la ración de arroz a banda) a jugar en otra liga... si es que has reservado y estás dispuesto a pagar.
En resumem, el emplazamiento es perfecto y sabiendo a lo que se va, el arrocito te lo comes a gusto.
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