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A día de hoy, su oferta de tapas me parece la más interesante, novedosa y elaborada de la ciudad de Valencia. Su coca de berenjena a la brasa, capellanets y espuma de all i oli (3'3 €) eleva a la categoría de virguería culinaria una combinación de aromas y sabores de siempre.
Lo mismo ocurre con su salmorejo de tomates asados y huevas de arenque (5 €). Al primer bocado acudirán a tu memoria sensitiva el olor de los tomates asados que hacía tu abuela. El contraste con las huevas de arenque en compañía de los trocitos de jamón es enriquecedora y la textura perfecta... la presentación por cierto, espléndida.
El canelón de pato con bechamel de especies (5 €) es sutil, equilibrado... una delicatessen perfecta.
La coca de steak tartar (7 €), sin comentarios, un 10.
El tataki de atún ya no tiene precio de tapa (14 €), pero su calidad justifica el precio. La cebolleta, por cierto tan buena como el atún me resultó escasa.
La minihamburguesa (3'5 €) es una gran idea, sus tres o cuatro bocados sacian ese atavismo vergonzante que todos llevamos dentro, y que nos hace entrar en McDonal's una vez al año.
Éramos dos personas; junto con su excelente pan, una copa de Beryna, dos cervezas, y un orujo salimos por 54'30 €. El local en conjunto, me reirero, es excepcionalmente agradable.
Perfecto, que siga así y que nos continue permitiendo a los que andamos tiesos, disfrutar de sus tapas. Quizás cuando la crisis remita, podamos pasar al comedor.
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