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Como escuché en algún sitio, La Gallineta es un restaurante de línea clara. Por su propuesta y por su ambiente; prima la paz y la armonía y la gente se contagia de tal modo que nadie sube el tono, más aún, todo el mundo bisbisea como si fueran educadísimos nórdicos.
Era sábado y pedimos el menú "La Gallineta", aperitivo, dos entrantes, principal y postre, 24'50 €.
Aperitivo; chupito de mejillón, crema, base de pisto y cortezas; Muy logrado el contraste de sabores.
Entrantes; Atún fresco sobre lecho de salmorejo de tomates asados con bolitas de trigo. Casi perfecto, para mi gusto faltaba el toque de la sal maldon. Y Coca hojaldrada de boletus edulis con cebolla caramelizada, panceta fina y rucola; muy bien.
Arroz meloso de conejo, morteruelo, ajos tiernos, alcachofas y foie; Cañero, muy de invierno, ideal para quien guste de arroces con potente sabor.
Merluza fresca y gambitas sobre salsa verde de crustáceos; Lo mejor. Materia prima de primera muy bien cocinada.
En cuanto al postre, mención especial al bizcocho sobre crema de mascarpone y granadas.
Dos adultos y una niña, con cerveza, copa de un agradabilísimo albariño, agua, cafés y un buen menú infantil, 76 €. Es un poco más en que un sitio cualquiera, pero lo vale, y comes como un señor, con tu mantelería fina y cubertería de calidad.
Al medio día tiene un estimable menú en la misma línea dónde siempre ofrece un arroz caldoso por 14'50 €.
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