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Recomendable restaurante asturiano en la zona de Canovas. Local muy agradable y servicio más que atento, que supera con creces las expectativas. En Asturias hay vida más allá de la fabada, y esa noche lo pudimos comprobar. Local de tinte moderno, sin llegar a ser minimalista. Platos más que bien presentados. Tras un aperitivo por cortesía de la casa, pinchitos de chorizo, comenzamos por unas extraordinarias miniaturas de compota de manzana y bechamel, con salsa de caramelo, suavecitos y acompañados de cebollino a la plancha para limpiar el paladar después (buen detalle).




Seguimos con un revuelto de trigueros con crujiente de pasta brie a modo de vela decorativa, quizá algo soso, le faltaba un puntito de sal. A continuación, picadillo de choricitos, patatas y huevo, muy bueno, pero algo pesado tratandose de una cena, y acabamos con un cachopo "brutal" unos más que genérosos filetes de ternera (tamaño XXL) rebozados, empaquetando queso y jamón, entre ellos. Los postres: creps con compota de manzana y tarta de la abuela con bola de helado (mejor los creps!). Fascinados nos quedamos con un sistema automático para escanciar que se ajusta sobre el cuello de la botella de sidra natural , bien fresquita, que nos ayudo en buena manera a digerir el festín. Precio insuperable, 25€ por persona, por tanto un RCP fantástica. Muy recomendable si se presenta una cena en grupo. Por cierto, si se cena de carta, 2 horas gratis de parking en la plaza canovas.
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