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De nuevo, un gastrobar sin gastrobarra... pero muy resultón en el mejor sentido gastronómico del término. Buen modelo de negocio; local chulo, carta hasta cierto punto original, divertida y con la pretensión justa y necesaria de agradar y sorprender. Y con una buena RCP.

Crema catalana de foie (6 €), resultona, en la línea de los cremosos de Vuelve Carolina. Patata, huevo y trufa en su frasco (4'20 €)... aromático. Muy acertado steak tartar de tonyina con soja y mayonesa de wasabi (11 €). Y de lo mejor, el bonito fresco con suave alioli y almendras tostadas (6'80 €).

Para completar, una tosta para cada uno de tomate asado, pesto y marlin ahumado (una especie de bacalao). Ya se sabe que lo de las tostas es una milonga, pero en fin, ésta estaba buena, aunque lo ideal y más barato hubiera sido pedir dos tapas más en su lugar; por ejemplo, anchoas con tomate (1'80 €), y "las guarricas de mi tierra (5'50 €), o sea, manitas de cerdo.

De postre, un espectacular brownie (4'50 €) y panacota con maracuyá enfrascado (4 €).
El precio final muy bueno; con un cava pinot noir bien servido (25 €) -no recuerdo el nombre pero estaba cojonudo-, y dos cervezas, la cuenta ascendió a 36 pavos por cabeza.
En cuanto al servicio, aunque no se pueda calibrar del todo entre semana, perfecto. Cenamos como señores.
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