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Taberna que se quedó congelada en la década de los 50 del siglo pasado. Esa y la cordialidad y honestidad del Sr. Julián y su hijo son sus grandes virtudes. Hoy día es cien veces más valiosa su barra avitrinada de railite que cualquiera de madera maciza impostada.
No sirven platos de cuchara, solo tapas de las de siempre, algunas recién hechas y bien elaboradas; bravas, sepia rebozada, magro con tomate, morro, boquerones en vinagre de buen calibre y conservas, a honrados precios.
Para beber, chatos de vino a granel procedente de sus barriles, quintos de cerveza y lástima que no tengan vermut casero... hubiera sido la guinda.
Les deseo muchos años ... sin reformas.
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