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Las imperturbables vitrinas de mobila, los viejos toneles con grifo, los escudos del Levante, el Valencia y La Real, y una recopilación de rancheras de María Dolores Pradera de fondo, transportan al que va de nuevas, cincuenta años atrás.
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En El Aldeano las historias a medio contar de la gente del barrio bullen entre efluvios de yecla y de dorado, de vermut y de quinado, de pedro ximénez y de rancio…
Se les olvidó pasar por estos lares a las nuevas tendencias gastronómicas, a las reformas horteras e impersonales, y a faranduleros y politiquetes de tres al cuarto en busca de un sitio con sabor.
Al frente de la bodega, un guipuzcoano anclado en Valencia tan osado como para ofrecer por estas tierras un mostrador repleto de auténticos pintxos.
Y sobre todo, dentro y fuera un ambientazo que pa qué. Hacerse un par de vermuts y unos pintxos puede resultar tan estimulante y entretenido como tomar un menú degustación en el Arrop.
Por cierto, descubrimiento del incansable explorador de las esencias, Adrían.
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