La Lonja del pescado - Calle Eugenia Viñes, 243. Valencia (Cotote)
Una vez se sobrepasa la entrada dónde una vitrina exhibe un género muy sugerente - navajas de buen calibre, gambas frescas, salmonetes, pulpitos, huevas de sepia...-, se accede a una gran carpa que debió ser el patio de la vivienda. No existe otra pretensión que la de comer pescado fresco y en su punto a un precio super razonable. Y de verdad que así es. Recomendables para acompañar unas patatas fritas caseras que enganchan. Anotar que tienen un tocino de cielo con piñones marca Hacendado por 1'90 € que está muy rico. Se cena muy bien por menos de 20 €. He dicho muy bien, pero no muy a gusto. La acústica de la sala es tan reverberante, el follón tan atronador, que llega a arruinar una cena; tengo la extraña costumbre de disfrutar de una charla amigable mientras ceno, o sea, que mientras la acústica no cambie, no volveré acompañado.
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No voy más
Y el dueño un desagradable, un impresentable y con muy poco tacto para la clientela. Te trata con desprecio, ni te mira a la cara y encima cuando le dijimos que íbamos con carro de niño, nos dijo que no se admitían.
Soy cliente desde hace más de 15 años de ese lugar y cuando nos decidimos a tener hijos y seguir iendo a comer allí, el tio va y me suelta eso por teléfono.
Que se meta las navajas por donde más le corten.
Y sí, la acustica del lugar otro desastre.
Es el típico cabanyalero que cuando antes el Cabanyal era más rústico (o menos estirao porque sigue siendo igual o más cutre que nunca) te trataban bien, ahora han hecho dinero y sé creendioses.
PASO DE ESTE SITIO DESDE HACE MUCHO Y PARA MÁS AÚN.
Fuimos con expectativas y encontramos obstáculos. Quisimos ver el lugar por dentro y un camarero comentó burlón “¿qué es esto, una gira turística?”. Quisimos probar un par de tapas en la barra o en una mesita adosada a la pared frente a la barra y el dueño o encargado nos lo impidió diciendo que si nos servían en la barra iba a terminar con la gente encima de él, o que además tendría que contratar un camarero extra para esa área, todo ello salpicado reiteradamente de “¿me comprende?”, como si no habláramos español. Nos pareció poco cortés. “Consume y paga”; “estas son mis reglas”, en plan tosco. Los turistas jóvenes que quieren probar las exquisiteces del Mediterráneo sin gastar mucho, son quienes entran alí sin esperar nada a cambio. Deseamos ese toque de empatía que te haga pensar que el cliente tiene algo de razón y sabe lo que quiere. Como no alcanzamos este objetivo , nos quedamos sin degustar y decepcionados. Porque somos residentes y el folclore mal vendido no nos entra ya.