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Más que tapas se sirven raciones, pero comer en la barra es totalmente posible y aconsejable. El jamón ibérico es el rey, pero el revuelto de patatas está muy rico, las habitas con solomillo son serias, al igual que las croquetas, de tres sabores: bacalao, jamón y pollo. Lo bueno de Casa Vela, además, es que el personal es muy agradable y los clientes variopintos; en la inevitable proximidad y promiscuidad de su siempre concurrida barra, si uno es lo suficientemente indiscreto, se puede disfrutar de conversaciones ajenas ampliamente representativas de un amplio espectro de tendencias sexuales, sociales, políticas y culturales; es como pasar una noche de cine + cena pero pagando solo lo segundo.
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