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No sé en otros lugares, pero aquí nos encanta que nos lo pongan difícil. Cuanto más torcido y recóndito es el camino, más nos encabronamos en llegar. Y cuando yo lo hice flipé; un jueves tonto, en mitad de la crisis, y sin rastro de menú, estaba a reventar a pesar de su desahogado aforo. Se trata de una bonita alquería debidamente rehabilitada entre Castellar y Pinedo. Sobresaliente el arroz caldoso con pato (9'50 €). Si saben hacerlo así, los demás no tienen que estar nada mal. Buenas croquetas de bacalao y también las "coquetas de peix" que para mí no son sino tortillas de aladroc. Sorpresa en los postres; distintos de verdad, literalmente insuperable el flan de naranja, y tan brutal la mus de higo como la de dátil. No es un sitio caro. Servicio muy mejorable. Me dicen que lo ha montado uno de los hijos de "La Genuina".
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